La enfermedad de alzheimer: cuidar al cuidador

INMACULADA F. RODRÍGUEZ MELIÁN
DIRECTORA TÉCNICA DE AFATE Cuando a una persona le diagnostican la enfermedad de Alzheimer, su familia, de repente, se encuentra en una situación en que no sabe qué hacer. De la incredulidad se pasa en unos casos a la resignación y, en otros, a la desesperación.

El diagnóstico afecta tanto a la persona que se le diagnostica como a su familia y, especialmente, al miembro de ésta que asumirá el papel de cuidador principal. Nadie está preparado para asumir, de repente, el cuidado de una persona que sabemos va a ir necesitando progresivamente una mayor asistencia, y ser testigo impotente del inexorable deterioro de esa persona tan querida.

Esta situación suele generar la aparición en la familia de distintas reacciones afectivas y emocionales: tensión, ira, tristeza, culpabilidad… en el inicio de la enfermedad comienza el desgaste emocional para dar paso, progresivamente, al desgaste físico y económico, estrés, ansiedad, depresión… y otros síntomas que caracterizan al llamado “síndrome del cuidador”.

Si desde el inicio de la enfermedad es importante que se aplique el tratamiento farmacológico, no menos importante es que el cuidador esté debidamente informado de la enfermedad, su evolución y como puede ayudar a su familiar enfermo, y sobre todo, a cómo compartir los cuidados para evitar la sobrecarga.

Organizar y compartir los cuidados de la persona con la enfermedad de Alzheimer, no significa asumir las riendas de la vida de ésta, especialmente cuando está en una fase inicial. En dicha fase el enfermo puede tener dificultad en recordar dónde ha puesto determinados objetos, no recordar si ha comido o no, etc., sabe que “algo ocurre en su cabeza”, que algo falla, pero no sabe porqué; en algunos casos hay conciencia de enfermedad, pero en otros no. Si la familia no le deja tomar ningún tipo de decisión ni le deja hacer nada porque comete fallos en su ejecución, lo único que conseguirán es que la persona se revele, produciéndose enfados y discusiones que van deteriorando la relación familiar. Hay que dejar que siga haciendo su vida exactamente igual que antes del diagnóstico pero, poco a poco, con sutileza, ir introduciendo cambios encaminados a facilitarle su vida, a hacérsela más cómoda y segura. Tenga paciencia, no pretenda cambiar la vida de la persona de la noche a la mañana.

No menos importante es ser realista sobre la enfermedad y sus efectos. El proceso de aceptación de la enfermedad no es fácil, hay que aceptar que es una enfermedad que, de momento, no tiene cura y que gradualmente irá empeorando, pero es imposible pronosticar si este empeoramiento será muy lento o muy rápido, por lo que es importante aceptar y vivir el día a día.

La familia, y no sólo el cuidador principal, deben aprender a ver a la persona enferma tal cual es ahora y no insistir en que sea como era antes de aparecer la enfermedad, no pretender que responda y actúe como lo hubiese hecho en el pasado. No se lo reproche a la persona enferma porque no lo puede evitar, no lo hace adrede, simplemente es parte de su enfermedad.

Pero aunque no lo crea, existe un lado positivo; sí se fija bien hay muchas cosas que su familiar sí puede hacer y muchos momentos de alegría, disfrútelos. No se centre en las capacidades que ha perdido sino en las que aún conserva. De la actitud que usted tome dependerá la manera de sentir y afrontar este proceso.

Usted, como familiar, debe aceptar sus sentimientos. Es totalmente normal tener sentimientos encontrados y oscilantes durante el día; habrá momentos en que se sentirá alegre, relajado y, de pronto, ocurre algo que hace que se sienta triste o incluso avergonzado; en otros momentos tendrá temor, en otros esperanza o desesperanza, frustración, resentimiento o enfado cuando los planes que tenía no pueden realizarse o las cosas no salen como tenía previsto,… pero lo que no debe tener es sentimientos de culpabilidad. Nada ni nadie ha provocado la enfermedad, simplemente apareció. Sentirse culpable por no ser perfecto sólo le hará sentirse peor.

Recuerde que hay muchos momentos buenos en este proceso, puede que sean menos o menos frecuentes pero todavía están ahí, aprovéchelos y disfrútelos con su familiar enfermo de Alzheimer.

Sugerencias para el cuidado

Conviviendo con el paciente

Ofrecer cuidados al paciente con EA puede resultar por momentos, una tarea difícil. Sin embargo, hay distintas formas de manejar la situación. Les ofrecemos algunas sugerencias:

Establezca rutinas diarias.

Una rutina puede disminuir la toma constante de decisiones y traer orden y estructura a la vida cotidiana.

Las rutinas otorgan seguridad al paciente con EA. A pesar de que una rutina pueda ser útil, es importante mantener las cosas lo más normales posible. En la medida en que la situación lo permita, trate a la persona de la misma manera que lo hacía antes de la enfermedad.ç

Mantenga la independencia de la persona

Es necesario que el paciente mantenga su independencia el mayor tiempo posible. Ayuda a que mantengan su autoestima. Siempre se deberá evaluar cada caso, ya que sólo podrá hacerse cuando no represente un riesgo para él o para otros.

Ayude a mantener la dignidad de la persona

Recuerde que el paciente a quien cuida es todavía una persona con sentimientos. Lo que usted y otros digan puede molestarlo. Evite discutir la condición de la persona delante de ella.

Algunas actividades planeadas pueden ayudarlo a elevar el sentido de la dignidad y autoestima, dándole un propósito y significado a la vida. Una persona que fue ama de casa, comerciante, jardinero, etc., puede sentirse mejor si practica las habilidades relacionadas con estas tareas.

Evite discusiones

Cualquier tipo de conflicto causará un estrés innecesario en usted y en el paciente. Evite llamarle la atención por alguna falla o fracaso, mantenga siempre la calma. El enojo empeora la situación. Recuerde siempre que es la enfermedad y no culpa del enfermo.

Simplifique las tareas

Simplifique las cosas y tareas del enfermo. No le ofrezca demasiados elementos para elegir.

Conserve el sentido del humor

Ríase con la persona con EA y no de ella. El humor alivia el estrés .

Las medidas de seguridad

Las pérdidas de la coordinación física y de la memoria aumentan las posibilidades de lesionarse, por eso es necesario mantener la casa lo más segura posible. El baño y la cocina son los lugares más peligrosos para el enfermo.

Póngale una identificación al paciente y avise a los vecinos, en caso de que se extravíe.

Estimular la salud física

En muchos casos esto ayudará a mantener las habilidades físicas y mentales de la persona por un tiempo. El ejercicio adecuado dependerá de las condiciones de cada paciente.

Mantenga la comunicación.

A medida que la enfermedad progresa, la comunicación entre usted y el paciente puede resultar difícil. Sugerimos consultar el tema de la comunicación verbal y no verbal. Recuerde siempre que lo afectivo nunca se pierde.

Use ayuda – memoria

En especial en las primeras etapas, pueden ayudar a recordar y evitar la confusión.

Por ejemplo:

Deje a mano fotos grandes y claras de los familiares, con sus nombres.
Coloque etiquetas en las puertas y cajones indicando el lugar o los objetos que contienen.

Una pequeña pizarra donde anotemos algunos datos útiles o pequeños mensajes.

Es sumamente útil colocar un reloj grande y un almanaque (si es posible tipo taco). Sacar la hoja correspondiente o marcar el día, lo mantendrá orientado en el tiempo.

Convivir con la desmemoria

“Tres familias toresanas cuentan su experiencia con enfermos afectados de demencia y reclaman la necesidad de un centro de día en apoyo a la labor prestada por la Asociación de Alzheimer”

Autor: Maite Barrio

Categoría: Cuidador

Manuela de la Iglesia, Socorro Alonso y Vicenta Arenas, 76, 68 y 77 años, respectivamente. Las tres saben lo que es convivir día a día con la desmemoria, la ausencia de recuerdos y en el mejor o peor de las casos con la confusión de los mismos. Las tres, toresanas, conviven con sus maridos enfermos de Alzheimer -Jesús Espinosa, 75 años; Segundo Tejeda, 65 y Paco Oliveros, 85- y tienen la valentía de poner cara y voz a los cientos de familias que ven como las personas a las que aman van dejando de ser lo que un día fueron. Las tres son el ejemplo del tesón y la capacidad de sobreponerse de muchas familias a un golpe tan duro que solo quien lo padece es capaz de abarcar, incluso sin perder el sentido del humor.

Las tres hablan de sus historias y de lo que sienten, se desahogan, como hacen cada quince día y durante dos horas en el «Grupo de Autoayuda» puesto en marcha en Toro por la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Zamora (Afazamora), dentro de las diversas actividades que vienen desarrollando desde que se implantase el año pasado. La psicóloga de la entidad, María Rodríguez, que también estuvo en el encuentro, es la encargada del grupo.

Manuela : «Jesús enfermó hace más de cuatro años, aunque antes ya veíamos que iba perdiendo memoria. Al principio es duro, no quieres admitir lo que pasa y eso es mal para los dos; yo pensaba que no iba a poder con la situación, porque hace cosas que no comprendes: ponía los zapatos encima de la mesa o de la cama y me enfurecía. Ahora hace los mismo, pero he aprendido a admitirlo y lo veo como normal».

Vicenta : «Hay veces que lo pasas mal, porque es como si fuera otra persona; como si fuera un niño».

Manuela: «A mí me parece como que le quiero más que antes, a pesar de todo lo que me hace; ahora se acerca y le digo, venga, dame un beso».

Socorro: «A mí hay cosas que me cuesta admitir y me pregunto por qué tiene que hacerlas así si las puede hacer de otra manera. Por ejemplo, tarda mucho en comer, y eso lo llevo mal porque otras veces reacciona rápido y tiene un comportamiento normal, como cuando tiene que arreglarse y salir, es más autónomo. Yo empecé a aceptarlo muy bien cuando comencé a ir a Zamora a la asociación cuando le diagnosticaron la enfermedad hace tres años, justo cuatro meses antes de jubilarse. Siempre pensamos que cuando se jubilase íbamos a viajar mucho. Ahora salgo lo que puedo, pero ya no es la misma sensación de algarabía, dentro de ti hay un algo que no te deja ser normal, porque ya vas a esos viajes como cuidadora.

Vicenta: «Es verdad, te olvidas de ti para atenderlos a ellos, solo piensas en su bienestar. Paco lleva menos tiempo enfermo y es mayor, pero ha caído más en picado. Una de las cosas que peor se lleva es que te limitan mucho en las relaciones sociales, tiran continuamente de ti, no dejan que te pares ni a hablar».

Manuela: «Y no podemos compartir los problemas con ellos, porque se obsesionan y no paran de preguntarte».

Socorro: «El mío no es capaz ni de bajar la escalera de casa sin mí. Te aconsejan que los cuidadores tengamos dos horas diarias para evadirnos, pero yo no puedo».

Manuela: «Pues fíjate que curioso, el mío no sabe dónde tiene los calcetines, que siempre han estado en el mismo sitio, y, sin embargo, el otro día me fue a buscar al centro de salud él solo».

Vicenta: «Bueno, pero lo normal es que tengan una dependencia tremenda; hay veces que te sientes agobiada, porque son muchas horas al día pendiente. Cuando vienen a la asociación parecen otros, entre ellos se entienden».

Socorro: «Por eso sería muy bueno poder contar con un centro al que pudieran venir todos los días, ellos estarían mejor y para nosotras sería un alivio, podríamos hacer las cosas más relajadamente, porque yo voy a comprar con él y, cuando me he querido dar cuenta ya me ha llenado la cesta».

María: «Un centro es fundamental, porque normalmente se les puede dejar de diez a dos de la tarde; durante ese tiempo vosotras vivís y ellos están mejor».

Vicenta:«Es que, si están solo con nosotras, están totalmente pendientes, nos controlan cualquier momento que faltamos; estamos más sujetas nosotras que ellos».

Socorro:«Las personas tiene que mentalizarse, por el bien de los enfermos y de los cuidadores, que es fundamental conseguir un centro para que puedan estar cómodos y puedan venir a diario».

Aunque Afazamora no dispone de datos oficiales sobre el número de enfermos de Alzheimer en la comarca de Toro, si se aplica la lógica, como señala la psicóloga, María Rodríguez, «es fácil llegar a la conclusión de que el porcentaje es alto, ya que la población está envejecida». De cualquier manera, es patente que esa realidad no se corresponde con la demanda de los servicios de la asociación en Toro, donde diariamente se presta asistencia en los talleres a siete enfermos y cinco familiares forman parte del programa de atención destinados a ellos.

Para María «es un número muy bajo. La verdad es que la falta de concienciación es un problema». Por su parte, Manuela asegura que «muchas familias no quieren que la gente se entere de lo que les pasa». Y Socorro estima que «algunos familiares se escudan en decir que los enfermos no quieren venir, pero quien tiene que decidir es la familia».

Vicenta lo tiene claro:«Yo lo que no entiendo es que digan que no los traen porque lo pasan mal, pero ni siquiera intentan venir un día y darle la opción al enfermo para ver cómo se encuentra aquí».

Apunta Socorro que «tienen que mentalizarse de que es un enfermedad como otras y que hay que cuidarlos y darles lo mejor, y ya está».

Manuela explica que «a mi alguna me ha preguntado que cuánto cuesta».Y María aclara: «pero ya sabéis que hay ayudas de las Administraciones, lo que pasa es que si no vienen y se informan, nunca se van a enterar».

La respuesta la da Socorro: «¡Pues no saben lo que se pierden, poder pasar dos horas aquí sin preocuparte!, además, nos desahogamos de todo lo que tenemos dentro durante la semana, aunque no todo es malo, también nos contamos cosas divertidas, porque muchas veces te tienes que reír con las situaciones. Yo me río mucho con él y bailamos».

Manuela cuenta que «a mí, cuando me ve enfadada, se da cuenta y quiere hasta fregar. Y el mes pasado hicimos las bodas de oro, fue todo muy bonito, y él fue consciente».

Por su parte, Vicenta indica que «a mí me confunde con su abuela y si le mando algo y cree que soy su abuela se enfada, pero si le digo que soy su mujer ya no. Creo que si no hubiera estado preparada por la asociación, me hubiera hecho mucho daño que me confundiera con otra persona. La asociación nos está ayudando mucho, incluso nos ayudan a arreglar cosas.

Para Socorro «están haciendo una labor muy importante y creo que las Administraciones deberían implicarse más en la zonas rurales, porque tenemos menos medios que en las ciudades».

María se hace eco del sentir general y apunta que «estamos muy agradecidos con la Gerencia de Servicios Sociales, que nos ha cedido una dependencia del Centro de mayores, pero es el único esfuerzo institucional que se ha hecho, lo demás lo ha hecho la asociación con la ayuda de alguna entidad privada como la Caixa.

Socorro se pregunta por el porvenir: «¿El futuro? Vamos viviendo el día a día. A mí ni siquiera me gusta pensarlo, ¿por qué voy a sufrir por lo que vaya a pasar mañana?». Y Manuela lo tiene claro: «Yo lo que pido es no caer enferma». Contesta Vicenta: «Claro, para no dejar un cargo a la familia». Y sigue Socorro «Tú piensa en ti ahora». El punto final lo pone Vicenta «Ya, pero la edad va contando».

Fuente: La Opinión de Zamora

Estrategias cotidianas para convivir con el Alzheimer

Cómo organizar el hogar y actuar ante el avance del deterioro cognitivo del paciente

  • Los grupos de familiares son de gran ayuda
  • Permiten aligerar la sobrecarga de estrés que éstos sufren.
  • Recomendaciones útiles para minimizar el impacto

de los olvidos frecuentes 

En la Argentina, el 5% de las personas mayores de 60 años presenta un trastorno de memoria conocido como deterioro cognitivo leve, que afecta principalmente a los recuerdos recientes, y que tiene grandes posibilidades de convertirse en una condición más seria: la enfermedad de Alzheimer.

Aunque los científicos todavía no han hallado una cura para el Alzheimer, hoy se sabe que su diagnóstico y su tratamiento tempranos permiten retrasar algunos años el deterioro cognitivo que produce la progresión de la enfermedad, lo que ofrece a los pacientes y a sus familiares una mejor calidad de vida.

“Hoy existe una amplia gama de posibilidades para retrasar su avance y proveer al paciente de una mejor calidad de vida, con lo cual también mejora su relación con el entorno. En este sentido -afirma el doctor Facundo Manes, jefe de Neurología Cognitiva y Neuropsiquiatría de Fleni-. Hay nuevas drogas que aumentan los niveles de un neurotransmisor denominado acetilcolina. Estas mejoran las funciones intelectuales y actúan positivamente sobre la conducta, a la vez que mejoran el estado de ánimo.”

Pero lograr una mejor convivencia con esta enfermedad no sólo depende de medicamentos. Existen numerosas estrategias que permiten minimizar el impacto del deterioro cognitivo sobre la vida familiar de la que pueden seguir participando los pacientes hasta los estadios más avanzados del Alzheimer.

En ese sentido, el doctor Ricardo Allegri, neurólogo investigador del Conicet, hace hincapié en la necesidad de que “las personas responsables del cuidado de estos pacientes estén bien informadas sobre las características de la enfermedad, dado que la mayor información sobre la patología permite un mejor accionar y a la vez disminuye la sobrecarga de estrés que genera este tipo de enfermedad sobre sus cuidadores”.

El día a día

En cuanto a dicha sobrecarga, especifica el doctor Allegri, “ésta no está tan relacionada con la pérdida de memoria que experimenta el paciente con Alzheimer, sino fundamentalmente con las modificaciones en la conducta, que se incrementan a medida que avanza la enfermedad”.

Un buen complemento para las terapias farmacológicos es la asistencia a grupos de familiares de pacientes, que también brinda notables resultados en términos de calidad de vida para ambos.

La enfermedad de Alzheimer “es una afección degenerativa que desgasta las células del cerebro. Afecta a las áreas involucradas en la orientación, memoria, lenguaje y pensamiento abstracto”, describe el doctor Manes.

Algunos de sus síntomas más frecuentes son: cambiar las cosas de lugar y no acordarse luego en dónde se las dejó, repetir la misma pregunta varias veces, cambios de humor, depresión, falta de iniciativa, pérdida de la noción del tiempo y espacio, y de la memoria de hechos recientes. Todos estos síntomas no suelen pasar inadvertidos para quienes comparten su vida con personas con Alzheimer.

Ahora bien, ¿qué es lo que se puede hacer en la práctica diaria para mejorar la situación del enfermo y, por ende, de su entorno? A continuación, algunos de los consejos de los especialistas:

 

  • Comunicación verbal: se puede facilitar si nos identificamos antes de comenzar a hablarle; lo hacemos con claridad, despacio, sin gritos; no le damos órdenes; utilizamos frases cortas y sencillas que puedan contestarse con un sí o un no; no hacemos dos o más preguntas al mismo tiempo; tenemos paciencia, repitiéndole las cosas tantas veces como necesite, sin apuro; creamos un clima afectivo y de buen humor.

 

 

  • Comunicación no verbal: debemos ser naturales, sin exagerar los gestos; mirarlo siempre a los ojos, hablándole de frente, a una distancia ni demasiado corta para que no se intimide, ni demasiado larga para que no se esfuerce; acercarnos siempre de frente, evitando hacerlo por la espalda para no asustarlo; mantener siempre que sea posible un suave contacto físico, que le aportará seguridad; no escatimar sonrisas, miradas ni gestos cordiales.

 

 

  • Cuando esté desorientado: impedir que salga solo de casa; procurar que siempre lleve consigo un documento de identidad donde figuren su nombre, dirección y teléfono; explique el problema a sus vecinos.

 

Por Daniela Millán
Para LA NACION

Dónde consultar

 

 

 

 

 

 

Ayudamemoria

Algunos consejos para ayudar al paciente con problemas de memoria reciente a manejarse en la vida cotidiana son:

 

  • Que haya a mano objetos familiares.
  • Marcar los días que van pasando en un calendario.
  • Llevar una agenda con las actividades del día y colocarla donde pueda ser vista fácilmente.
  • Incluir los horarios de las comidas, los de las tomas de medicación, horarios de ejercicio y de dormir.
  • Pedirle a alguien que llame para recordarle las comidas, los medicamentos y las citas.
  • Etiquetar y guardar los medicamentos en un lugar organizado.
  • Pegar recordatorios para desconectar electrodomésticos, cerrar la llave de gas y trabar la puerta de calle.
  • Usar un anotador para recordarle su domicilio y número de teléfono. Incluir directivas para llegar a la casa.
  • Colocar los números de teléfono importantes en un lugar fácilmente visible. Etiquetar fotos con los nombres de las personas que frecuentan.
  • Etiquetar armarios y cajones con los nombres de lo que contienen. Ordenar armarios y cajones de modo que las cosas sean fáciles de encontrar.

 

Consejos para el cuidador

El ojo representa al "paciente Oculto" que es el Cuidador.

Aceptar que estas reacciones de agotamiento son frecuentes e incluso y previsibles en un cuidador. Son reacciones normales ante una situación “límite”, pero que necesitan apoyo.
No olvidarse de sí mismo, poniéndose siempre en segundo lugar. El “autosacrificio total” no tiene sentido.

 

Pedir ayuda personal al detectar estos signos, no ocultarlos por miedo a asumir que “se está al límite de sus fuerzas” ni tampoco por culpa de no ser un super-cuidador.

 

No temer acudir a un profesional (psiquiatra o psicólogo) y a grupos de auto-ayuda (GAMA) de asociaciones de afectados por la enfermedad de Alzheimer que resultan ser muy eficaces.

 

Aprender técnicas de relajación psicofísica, visualización distractiva, Yoga, etc.

Solicitar información y formación adecuada sobre aspectos médicos de la enfermedad (evolución futura, previsión de complicaciones, medicación) y conocimientos prácticos para enfrentar los problemas derivados tales como nutrición, higiene, adaptación del hogar, movilizaciones del paciente, etc. Todo ello incrementa el sentimiento de control y de eficacia personal.

 

Marcarse objetivos reales, a corto plazo y factibles en las tareas del cuidar. No mantener expectativas irreales (“El enfermo no va a empeorar más de lo que está”), ni tampoco ideas omnipotentes sobre uno (“Voy a solucionar todos los problemas yo sólo”).

 

Ser capaz de delegar tareas en otros familiares o personal contratado (sanitario o del hogar). No creerse imprescindible.

 

Mantenerse automotivado a largo plazo, auto reforzarse en los éxitos, felicitándose a sí mismo por todo lo bueno que va haciendo.

No fijarse sólo en las deficiencias y fallos que se tengan.

Cuidar especialmente los propios descansos y la propia alimentación: parar 10 minutos cada dos horas, dormir las horas suficientes y mantener una dieta adecuada.

Tomarse también cada día una hora para realizar los asuntos propios. Asimismo permitirse un merecido descanso diario o semanal, fuera del contacto directo con el enfermo.

Si se puede, realizar ejercicio físico todos los días, ya que elimina toxinas corporales y despeja la mente.

Evitar el aislamiento: obligarse a mantener el contacto con amigos y otros familiares. Salir de la casa con otras personas, no quedarse “enclaustrado”. Los vínculos afectivos cálidos amortiguan el estrés.

Saber poner límite a las demandas excesivas del paciente; hay que saber decir NO, sin sentirse culpable por ello (asertivitad).

Expresar abiertamente a otros las frustraciones, temores o propios resentimientos, es un escape emocional siempre beneficioso.

Planificar las actividades de la semana y del día. Establecer prioridades de tareas, diferenciando lo urgente de lo importante. Decidir qué cosas no va a poder realizarlas con bastante probabilidad. La falta de tiempo es una de las primeras causas de agobio.

Promocionar la independencia del paciente. No debe realizar el cuidador lo que el enfermo pueda hacer por sí mismo, aunque lo haga lento o mal.
Usar Centros de día, Residencias de respiro temporal, o Personal contratado de asistencia domiciliaria.

Fuente: http://familiaresalzheimer.blogspot.com

La enfermedad de Alzheimer y trastornos relacionados

No es fácil cuidar de una persona que sufre de una enfermedad de demencia. Los cuidadores deben tomar en cuenta que no son superseres, son humanos.

El cuidador puede sentirse triste. desalentado, frustrado. enojado o atrapado. Estos sentimientos son todos normales y pueden manejarse de manera positiva.

Los cuidadores deben cuidar de sí mismos así como de la persona con demencia. Está bien pedir y aceptar ayuda. Existen varias fuentes de ayuda e información ambos dentro y fuera de la familia.


¡Tome un Descanso!

Es esencial que se tome un descanso regular de la rutina de cuidado. Esto permite al cuidador descansar física y emocionalmente. Es tan importante para la salud como lo son la dieta y el ejercicio, y esto no constituye egoísmo.

Los cuidadores necesitan suficiente descanso, deben continuar disfrutando de sus amistades, y hacer un esfuerzo extra para conservar su salud física y mental por medio de buena nutrición.

La incontinencia, el deambular y transtornos del dormir son los problemas más comunes asociados con cuidado en hogar de reposo. Estos mismos problemas afectan a las personas que cuidan de pacientes en su propio hogar y a menudo tienen como consecuencia que el cuidador no puede arreglárselas solo, o enferma….